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Yo vengo de la noche.
En ella vivo.
En ella moriré.
Bailo entre los montes donde
crecen bayas cerezas, que
despiertan pero también condenan.
Ese que se cultiva en las llanuras verdes, por manos para las que pocas veces llega la luz.
En un rincón EN EL mapa, donde la selva se entrelaza con las historias susurradas al fuego, yace un pueblo sin nombre.
El resto, aquellos que
temen a mi lenguaje
florido, los que mientan
mi nombre entre dientes:
Si les encandila el fuego,
márchense y beban polvo.
Solo los raros, como los
eclipses dobles, se
deleitarán con la
abundancia de estos montes.


SELECCIÓN
Su conexión con el monte te guiará hacia los granos más finos.
Déjate guiar por su sabiduría

TUESTE
Te enseñará la danza que las llamas deben bailar para que los granos hablen.

CATA
Deja que su sabiduría te enseñe a ver, tocar, oler y sentir la tierra.


Los guardianes
del fruto que
no duerme
Manos terrosas y fuertes como
el barro, que salen al campo
para recolectar los frutos rojos que la tierra expulsa.
Tres veces en el cerro
gritaron mi nombre, desde
entonces mantengo a raya
a todos los bribones.
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